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Entradas de la A a la Z

La “Maratón” celebrada el pasado jueves, 30 de marzo, alrededor de la figura del compositor y saxofonista neoyorquino John Zorn fue muy especial para nosotros por varios motivos. En primer lugar, era la primera ocasión en la que íbamos a escuchar varias horas de música exclusivamente centradas en el nuevo ciclo de composiciones titulado “Bagatelles”. El año pasado, en el festival de jazz de Willisau, ya pudimos disfrutar de algunos de estos nuevos temas, pero también se interpretaron piezas de otros repertorios. En segundo lugar, a muchos de los músicos implicados no los habíamos visto nunca en directo, y eso, cuando se ha asistido a muchas actuaciones de John Zorn y compañía, es un gran aliciente. Y en tercer lugar, los conciertos se celebraron en uno de los mejores recintos en los que he podido escuchar música, el Elbphilharmonie de Hamburgo, un impresionante edificio construido junto al  rio Elba, cuya sala de conciertos se inauguró tan solo hace un par de meses (de hecho, compré las entradas de este evento incluso antes de que se finalizara la construcción del edificio, en octubre de 2016). Una sala con capacidad para unas 2000 personas, de gran belleza estética, y con una acústica excelente.

La maratón consistió en 12 actuaciones de bandas y solistas muy diferentes entre si, con el denominador común de interpretar algunas de las 300 composiciones de este nuevo libro, “Bagatelles”, escritas en tan sólo tres meses, pensadas para ser interpretadas en directo por bandas distintas, y de un carácter más atonal. Piezas de una complejidad muy elevada, que requieren gran atención por parte del oyente, pero que además llegan a emocionarnos sobremanera, gracias a su ejecución por parte de músicos que, como ya he repetido en ocasiones anteriores, juegan, en mi opinión, en una liga muy superior.

Una de las cosas más interesantes de este tipo de festivales de larga duración es la de poder comprobar como las composiciones de John Zorn, sean quienes sean los elegidos para interpretarlas, suenan siempre a John Zorn. Son inconfundibles, sean tocadas por un cuarteto de free jazz, un “power trio” salvaje, un duo de violonchelos o guitarras o un solo pianista.

27 músicos, 12 actuaciones seguidas, de unos 20 minutos de duración cada una. En total 4 cuartetos, 3 trios, 3 dúos y 2 solistas. Todo el escenario estaba preparado para que entre concierto y concierto no hubiese más de dos minutos de pausa, y efectivamente así fue.

Nada más entrar en la sala nos quedamos sorprendidos de lo impresionante que era. Además. Greg Cohen y Joey Baron estaban preparando sus instrumentos en el escenario, y al hacerle señas a Joey, levantó la cabeza, nos vió y se echó a reir (como siempre), sorprendido de vernos de nuevo en otro país diferente viéndolo tocar. A las 20.05 salió al escenario el cuarteto Masada, mítico en el Universo Zorniano, con John Zorn al saxo alto, Dave Douglas a la trompeta, Greg Cohen al contrabajo y Joey Baron a la batería. Sentados a pie de escenario, y con un sonido perfecto, nos quedamos hipnotizados con su actuación. Resultó muy especial, ya que aunque los hemos visto muchas veces en directo, esta fue la primera en la que no interpretaron temas del grueso de composiciones que le dio nombre al grupo hace 25 años, Masada. Su repertorio se centró en las “Bagatelles” y nos regalaron 20 minutos repletos de energía y belleza por igual. Después le toco el turno al dúo formado por los violonchelistas Erik Friedlander y Michael Nicolas. Friedlander es otro de los viejos colaboradores de lujo de Zorn, y ya habíamos tenido la suerte de verlo en varias ocasiones con Bar Kohkba, Masada String Trio o tocando solo. Nicolas es un joven pero reputado músico de la escena neoyorquina, inquieto, y que se mueve en diversos ámbitos musicales. Los dos juntos dieron un concierto formidable, moviéndose entre la música clásica contemporánea y el jazz con facilidad. En ocasiones, uno se encargaba de crear un riff al más puro estilo Zorniano, pellizcando las cuerdas, mientras que el otro desarrollaba las complejas melodías con el arco, y al contrario. En otros momentos se fundían dos melodías independientes, creando momentos de gran tensión. Una actuación sorprendente que dio paso al cuarteto de la pianista Kris Davis. Tenía mucha curiosidad por ver a esta agrupación, ya que Davis no sólo es una gran músico, sino que estaba acompañada por el mítico contrabajista Drew Gress ( que ha tocado con gente como John Surman, John Abercrombie, Tim Berne, Uri Caine, Dave Douglas,etc…), el baterista Tyshawn Sorey, una verdadera bestia parda, al que ya vimos en Suiza el año pasado y que nos dejó alucinados, y la guitarrista Mary Halvorson, una excelente guitarrista de “avant-garde” a la que algunos conoceréis por su banda Thumbscrew, que ya ha publicado dos discos con el sello Cuneiform. Estos 20 minutos son los que más le hubieran gustado a cualquier amante del Rock En Oposición, ya que tuvo momentos muy avanzados, con unos ritmos rotos muy complejos, y partes de piano y guitarra bastante enfermizos.

Kris Davis  © Peter Gannushkin

Como podéis imaginar, cuando un músico abarca mucho estilos, es difícil que todo lo que haga les guste a sus seguidores. Con el siguiente concierto, vimos como una pequeña parte del público tuvo que irse de la sala, debido a la “intensidad” de la música. Trigger es un trio neoyorquino , con músicos jóvenes en su formación, compuesta por Will Greene a la guitarra, Simon Hanes al bajo y Aaron Edgcomb a la batería. Su interpretación de algunas de las “Bagatelles” sólo puede describirse como salvaje. Sin tregua, sin piedad, casi sin respirar, como unos Ramones muchos más técnicos y mucho más brutales. Los seguidores de Zorn que vienen del jazz o de la clásica no estaban preparados para algo así, aunque Zorn siempre se ha sentido muy atraído por la energía del punk, del hardcore y del metal, como demuestra en proyectos como Naked City, Painkiller, Moonchild, Simulacrum,etc….A nosotros nos encantó.  Otra prueba de versatilidad a la hora de exponer sus composiciones a músicos de estilos diferentes fue la siguiente actuación, a cargo del pianista Craig Taborn, al que muchos conocéreis por formar parte del trio que grabó “Flaga”, el volumen número 27 de la serie “Book Of Angels”, junto a Tyshawn Sorey y Christian McBride. Este pequeño recital de piano solo fue realmente bonito, con el primer tema sonando a través del sistema de sonido, y el resto utilizando solo la magnífica acústica del recinto (fue el mismo Zorn el que salió al escenario al terminar la primera composición y desconecto la amplificación para “escuchar mejor el piano”, como él mismo comentó). Para terminar la primera parte de la maratón, salió al escenario un verdadero trío de ases, que nos regaló 20 de los mejores minutos de la noche. Me refiero al grupo formado por el organista John Medesky, uno de los grandes colaboradores de John Zorn en los últimos años y que poca presentación necesita, el tremendo guitarrista David Fiuczynsky, que ha participado como músico de sesión en infinidad de discos, aunque yo lo conozco por ser miembro de Hasidic New Wave, y naturalmente, por ser líder de Screaming Headless Torso, y el baterista Calvin Weston, un verdadero animal al que estaba deseando ver en directo, ya que su participación en “Asmodeus”, volumen número 7 de la serie “Book Of Angels” me pareció impresionante. El resultado de unir a estos tres virtuosos fue brutal.  Las composiciones de Zorn para esta formación eran complejas y me encantó la forma de abordarlas de estos musicazos, con Weston creando unos ritmos casi imposibles y a la vez pegando con mucha intensidad, Fiuczynski  revelando pequeñas melodías y creando fantásticos efectos con su guitarra de doble mástil y Medesky  recorriendo el teclado de su órgano Hammond y sacándole su sonido  característico, entre místico, rockero y jazzístico.

Tras 20 minutos de descanso, comenzó la segunda parte de la noche  con la actuación de los guitarristas Julian Lange y Gyan Riley, a los que ya pudimos escuchar tocar en directo en el festival de jazz de Willisau del año pasado, siendo el repertorio elegido para esta ocasión practicamente idéntico. Al igual que en Suiza, al escuchar las composiciones de Zorn interpretadas con sólo dos guitarras acústicas, y comprobar que  su personalidad y su estilo permanece intacto, apareciendo en cada nota, me recordó a las piezas que Zappa tocaba en los ’80 tan sólo con un synclavier o con una orquesta sinfónica,  y que sin embargo seguían siendo inconfundibles. Un bonito concierto de dos verdaderos virtuosos al que le siguió la actuación de Nova Quartet. Formado por cuatro de los más fieles colaboradores de Zorn, John Medesky (piano), Kenny Wollesen (vibráfono), Trevor Dunn (bajo) y Joey Baron (batería), es una de las bandas que más utiliza en los últimos años a la hora de interpretar y grabar su material, en disco como por ejemplo “Nova Express” (2011), “Dreamachines” (2013), “Leaves Of Grass” (2014), etc….Su recital fue algo más largo que el resto y uno de los más especiales de la noche. Las “Bagatelles” es un ciclo que les viene como anillo al dedo, ya que combina la complejidad y el gusto por los cortes y los cambios de ritmo, propios de proyectos como Naked City, con la belleza y la sencillez de algunas melodías, al más puro estilo The Dreamers. Todos estuvieron sensacionales, pero hay que hacer una especial mención al vibrafonista Kenny Wollesen, que nos regaló algunos momentos de una intensidad altisima. El único concierto que no me gustó demasiado fué el siguiente, protagonizado por Ikue Mori, una artista japonesa que ha participado en más de 20 discos de John Zorn, y a la que mucho recordaréis por ser la que se encarga de los efectos electrónicos en Electric Masada. Salió al escenario con su portatil, se sentó, y comenzó a reproducir música pregrabada sobre la que introducía nuevos elementos. Me pareció interesante, pero sonaba constantemente a música de video juego de los años ’80 y no me llegó demasiado.

La última hora del festival comenzó con la actuación del cuarteto liderado por la guitarrista Mary Halvorson, acompañada por el también guitarrista Miles Okazaki, el contrabajista Drew Gress y el baterista Tomas Fujiwara. Puro sonido neoyorquino, con esa mezcla de jazz y rock crudo, rodeada de una atmósfera extraña y experimental, pero a la vez asequible. 20 minutos fantásticos que dieron paso al recital de violín y piano de la pareja formada por Mark Feldman y Sylvie Courvoisier. Hemos visto y oido tocar a este dúo en muchas ocasiones y siempre nos dejan alucinados. En esta ocasión estábamos muy cerca de ellos, y podiamos ver perfectamente las manos de Sylvie moverse por el teclado de una forma espectacular. La mezcla de jazz y clásica contemporanea que ofrecen me parece genial, y fué magnífico escucharlos tocar estas nuevas composiciones, ya que nosotros siempre los habiamos visto en directo con un repertorio escogido de las piezas del libro segundo de Masada.

 Marc Ribot y John Zorn  © Claudia Höhne

Y para terminar, una verdadera barbaridad. Me refiero al trio Asmodeus, formado por Marc Ribot, uno de los mejores guitarristas que existen en la actualidad, el bajista Trevor Dunn y el baterista Tyshawn Sorey, además del propio Zorn que, como hace habitualmente, se sentó junto a Ribot para dirigirlos. Como sucedió en el festival de jazz de Willisau el año pasado, nos dejaron pegados a la butaca en estado de shock. ¡Vaya trio más brutal!. Una clara demostración de que estos músicos están en un nivel que la mayoría sólo puede soñar. La precisión de su interpretación, mezclada con ese nivel tan alto de energía, esa mala leche y la excelencia de las composiciones de Zorn, junto a su ferrea dirección, hizo de los últimos 20 minutos de la noche algo inolvidable. Al terminar, los 27 músicos que habían participado en esta velada tan especial se reunieron en el escenario para saludar y el propio Zorn nos dió las gracias a las personas que allí quedábamos por “aguantar” las 5 horas de conciertos. De las 2000 personas que comenzamos esta pequeña aventura  terminamos la mitad. Supongo que hubo gente que no sabía exactamente a lo que iba, otros irian mal acompañados para aguantar tantas horas de música tan diferente, era un día de diario y salimos a la 1 de la mañana, que en Hamburgo es muy tarde…..Este tipo de maratones se disfrutan totalmente cuando uno conoce bien la música y a los músicos implicados, y así lo hicimos nosotros. ¡Inolvidable!.

Texto:Francisco Macías

Fotos: Carla Martínez, excepto las indicadas

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