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Entradas de la A a la Z

Hace tiempo que no sigo discografías de ningún grupo ansiando lo último que han sacado, pensando “a ver si sacan algo nuevo, que estoy deseando comprarlo”. No, hay tantísima música por escuchar que simplemente pico de acá y de allá siguiendo referencias y me olvido de los grupos hasta que, casualmente, vuelvo a ellos. Pero debo reconocer que hay algunas excepciones, y Led Bib es una de ellas desde que escuché su maravilloso Sensible Shoes. Esta banda británica es una de mis favoritas del panorama jazz/rock actual. Su música bebe del jazz abrasivo y directo del Down Town neoyorkino (su batería y principal compositor, Mark Holub es un declarado fan de John Zorn), pero con un sonido que ha ido cogiendo personalidad propia: dos saxos altos incisivos y emotivos que hacen del contrapunto entre ellos una de sus señas; un piano eléctrico ruidoso y distorsionado que alterna el maltrato del instrumento (en el mejor sentido de la palabra) con cuidadas bases armónicas minimalistas siempre acompañados por una sección rítmica contundente y versátil.

The people in your neighbourhood es su último álbum, publicado el pasado 2014 por Cuneiform. En este disco se afianza una mayor elaboración en las atmósferas y recursos electrónicos de los teclados de Toby McLaren, que “ensucian” y adornan los colchones armónicos sobre los que se desenvuelven las melodías de los saxos. Como es común en los discos de Led Bib, encontramos temas directos, al más puro estilo Down Town, como “New Teles” o “Plastic Lighthouse”, otros con preciosas melodías solemnes llenas de sentimiento sobre las que se recrean los saxos erizando la piel como en “Recycling Saga” o “Giant Bean”, u otros más elaborados como “Orphan Elephants” en el que demuestran su enorme capacidad para crear largos crescendos.

El tema que quiero compartir es “Angry Waters (Lost To Sea)”, compuesto por el bajista Liran Donin, una pieza en la que se reúnen todas esas características que hacen de Led Bib y este disco algo imprescindible. La pieza tiene dos partes: la primera es mucho más lenta y oscura, y comienza con un motivo rítmico de piano sobre el que los saxos presentan una bonita melodía para luego improvisar sobre ella; la segunda parte la compone crescendo melódico a partir del motivo rítmico inicial del piano, pero ahora con el eléctrico, acompañados por un ritmo de marcha en la batería y un carácter más alegre y a la vez más sucio. El clímax que consiguen es simplemente brutal. Espero que lo disfrutéis.

Aquí podemos leer una reseña del amigo Fran Macías poniéndonos los dientes largos tras ver a esta gente tocando con un grupo muy en la misma onda, los americanos Gutbucket en Halle.

Por cierto, si estáis interesados en alguno de sus discos, ya sabéis, ¡no dudéis en poneros en contacto con nosotros!

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