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Entradas de la A a la Z

Marsupilami es una de las muchas bandas británicas de principios de los ’70 que aun teniendo una gran calidad, tanto creativa como interpretativa, no consiguió grabar más de dos discos. Se formó a principios de 1970, y estaba compuesta por Fred Hasson (voz, harmónica, percusión), su hermano Leary (órgano), Dave Laverock (guitarra), Richard Hicks (bajo), Mike Fouracre ( batería, percusión) y Jessica Stanley-Clarke ( flauta, voz).

Tomaron el nombre del famoso dibujo del artista belga André Franquin para bautizar su proyecto, y firmaron un contrato con el sello Transatlantic, asociado habitualmente con la música folk, pero que en ese momento intentaba captar la atención del público “progresivo”.
Su primer trabajo, titulado sencillamente Marsupilami, se publicó en 1970

Comenzaba con “Dorian Deep” (7’00), que nos ofrece algunas de las principales claves del grupo. La melodia central es misteriosa, con un cierto aire oriental, que nos recuerda a bandas como Quintessence o East Of Eden. Se combinan partes instrumentales acústicas, con la flauta y la percusión como protagonistas, y otras eléctricas, llenas de fuerza, con la sección rítmica dando caña, mientras la guitarra y el órgano se desenvuelven a la perfección. Le sigue “Born To Be Free” (5’46), un bonito tema lento, con la flauta acompañando constantemente a la voz y la guitarra dando pinceladas al fondo, que también tiene una parte instrumental más rápida, con pequeños solos de órgano, harmónica y flauta, y un cierto aire “jazzy”, en parte debido a la utilización de los platos de la batería.
Uno de las canciones más potentes del disco es “And Eagle Chased The Dove To Its Ruin” (6’40), con una increible base de órgano y batería que recuerda a los momentos álgidos de “The Valentyne Suite” de Colosseum. Las partes vocales son casi épicas, y pueden recordar en algun momento a Wishbone Ash. Fantásticas también la guitarra eléctrica y la flauta. Pero lo mejor está por llegar. Una melodia de “caja de música” nos introduce en “Ab Initio Ad Finem (The Opera)” (10’53). Totalmente instrumental, es el tema con más influencias clásicas del disco, predominando sobretodo el órgano de Leary Hasson. Hay muchos cambios de ritmo, y tanto la batería como el bajo están fantásticos. Naturalmente, la flauta y la guitarra también están presentes. ¡Una gran pieza!
Y para terminar, “Facilis Descensus Averni” (9’38), cuya linea vocal es fantástica, a veces oscura. La combinación batería-órgano me recuerda a The Nice. Además podemos escuchar algunos interludios de flauta, cortos pero muy bonitos. Un buen final para un disco, que junto con su posterior gira de conciertos, tuvo un cierto éxito, sobretodo en Holanda, donde la banda actuó mucho. Fue allí donde se unió al grupo el saxofonista Mandy Riedelbanch, y donde, junto al letrista Bob West, comenzaron a escribir los temas de su siguiente trabajo, “Arena”, álbum conceptual dedicado a la antigua Roma, y sobretodo al Circo y los gladiadores. Grabado practicamente en directo en el estudio, con un bajo presuspuesto, y bajo la supervisión de Peter Bardens ( sí, el de Camel), es publicado en 1971, y supone un avance en el sonido del grupo.


El álbum comienza con la fantástica “Prelude To Arena” (5’20), donde la fuerza de la guitarra y la batería se combinan a la perfección con las bonitas partes vocales y pasajes de flauta y mellotrón, siendo este último tocado por Leary Hasson, que aumenta su gama de sonidos añadiendo al órgano este instrumento y el piano eléctrico. ¡Increible!.
En una linea similar va “Peace Of Rome” (7’00), un tema buenísimo, con una sección rítmica muy variada, con muchos cambios, lineas de flauta escoltando las melodias vocales, órgano, mellotrón y un buen trabajo de guitarra.
La cosa se pone seria con “The Arena” (12’57), una maravilla cuya primera parte está dominada por el órgano y una percusión hipnótica, muy propia de la psicodelia. La flauta, con aire oriental, acompaña a las magníficas partes vocales, algo “proféticas”. Me encanta la combinación de las voces de Fred Hasson y Jessica Stanley-Clarke, sobretodo en una parte en el ecuador de la canción, realmente preciosa, seguida por un extracto de piano y flauta, y en los dos últimos minutos. ¡Obra maestra!.
Seguimos con “Time Shadows” (11’16), un tema misterioso cuyo principal atractivo son las partes instrumentales, donde por fin aparece el saxo solista, y donde podemos escuchar uno de los pocos solos de piano del disco, todo esto siempre con la flauta como refuerzo.
Y para terminar, “Spring” (9’15), que contiene la melodia de flauta más bonita que el grupo compuso en su corta carrera. Nada más empezar el tema la flauta nos adelanta algo de este pasaje, que se desarrolla completamente unos minutos después, con el piano acompañando a la flauta, y al final del tema, con las campanas tubulares sustituyendo al piano. Estas partes sirven como contrapunto a distintos desarrollos instrumentales, algunos más “maniacos” y otros más melódicos. Fantástico final para el mejor disco de una banda, que aunque poco después se separó, nos dejó un magnífico legado: dos grandes obras que con el tiempo han sido reconocidos por los amantes del buen progresivo británico de principios de los ’70.
No quiero acabar este artículo sin deciros que estoy totalmente en desacuerdo con algunos comentarios que hay en la red sobre esta banda, en los que se habla de sus influencias del sonido Canterbury, o incluso se les nombra como precursores del RIO.

En mi opinión, nada más lejos de la realidad.

Francisco Macias

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