Potemkine es una banda francesa, cuyo gérmen data de 1971, año en el que los hermanos Charles y Gilles Goubin deciden formar un grupo de versiones de temas famosos de gente como Deep Purple, Rolling Stones, etc… Tras asistir a un concierto de Magma, e influenciados por el jazz rock y el sonido Canterbury de la época, deciden cambiar de estilo y componer sus propias canciones. Es en 1973 cuando deciden llamar a su banda Potemkine, en parte porque foneticamente recuerda al idioma Kobaia. A Charles (guitarra, piano, voz) y a Gilles (bajo), se les unen su hermano Michel (piano, voz), Maurice Bataille (batería) y Xavier Vidal (violín), y en 1974 publican su primer single autoproducido con dos temas instrumentales, “Rictus” (4’46) y “Mystere” (5’47), muy dinámicos, con toques cercanos al sonido Canterbury y algunos momentos que nos recuerdan a Mahavishnu Orchestra, en parte por la utilización del violín y la guitarra. En ambos la voz se usa como un instrumento más, algo habitual en futuras composiciones.

Un año después Dominique Dubuisson sustituye a Gilles Goubin al bajo, y otro de los hermanos, Phillippe sustituye al baterista Maurice Bataille. Con esta formación publican su primer disco, “Foetus” (1975).


El principio no puede ser mejor. Me refiero al tema del mismo nombre, “Foetus” (6’18). Comienza con una bonita melodia de guitarra, con la sección rítmica acompañándola de forma pausada. Después entra la voz, y la batería cada vez adquiere más fuerza. La entrada del Piano eléctrico es preciosa, y disfrutamos de un elegante solo respaldado con figuras de bajo y batería cada vez más imaginativas. Entra el violín y, poco después, aparece una potente guitarra que da paso a un último minuto con varios cambios de ritmo y con el violín de regreso. ¡Un temazo!.
Le sigue “Zed” (5’14), maravillosa composición, que aunque en algunos pasajes de piano y guitarra puede recordarnos a Mahavishnu Orchestra, el ritmo y las voces son autenticamente Zeuhl. ¡Buenísima!. Continuamos con “Nuit Sur Le Golan” (2’19), pieza experimental que da paso a la obra maestra del disco, “Ballade” (6’17). Comienza con una fantástica melodia de violín y voz. Después entra la sección rítmica y se les une el piano eléctrico. A los 2 minutos el piano se desmarca y comienza un solo magnífico, con un gran ritmo, dando paso a un solo de violín y a otro de guitarra, y entre ellos, en cada cambio de solo, la melodia inicial de violín y voz.
Originalmente, la segunda cara del disco se abría con “Hymne” (2’00), tema muy vital, con una gran melodia, y que tiene momentos que me recuerdan a Zappa, aunque el bajo me trae a la memoria algunos pasajes de Richard Sinclair. Seguimos con “Loolit” ( 3’05), una pieza con un bonito piano y que nos vuelve a traer efluvios tanto de Magma como de la banda de John McLaughlin, sobretodo en la entrada del violín. Potente sección rítmica y buen solo de guitarra. Estas influencias de Mahavishnu Orchestra las encontramos también en el comienzo de piano y guitarra acústica de “Cedille” (5’56). Es un tema pausado, de gran belleza, realmente fantástico. Y para no abndonar la combinación de elementos propios de las bandas de Vander y McLaughlin, nos adentramos en “Laure” (4’32), con un principio y un final tranquilos pero muy potentes, con guitarra, bajo, piano eléctrico y batería, y una bonita melodia cantral de violín y voz. Para terminar, “Cycles” (2’17), pieza que comienza de forma tranquila, con piano y guitarra y que después se acelera con la entrada de la sección rítmica y el violín. Buen final para un fantástico álbum debut.
Tras un cierto éxito local, y una sucesión de conciertos, cada vez con más afluencia de público, Potemkine decide publicar otro álbum, pero con una formación reducida a trio. Además, según los propios créditos del disco, deciden fusionar las influencias propias del jazz rock y del Zeuhl con las de la música clásica contemporanea, de gente como Varese, Satie o Debussy. De esta forma, Charles Goubin, su hermano Philippe y Dodou Dubuisson entran en 1977 en el estudio para grabar su segundo trabajo, “Triton” (1977). Este nombre se refiere a un acorde específico que en la edad media era considerado como satánico, y que fue incorporado de nuevo en la música occidental en el siglo XX por Stravinsky y Bartok entre otros. Es un disco difícil de describir detalladamente, ya que siempre lo he concebido como una unidad compacta, aunque sus 5 cortes son totalmente independientes. Aunque se echa de menos el violín, se nota una mayor madurez, y la sección rítmica adquiere una mayor relevancia.


El álbum comienza con “Asyle” (7’25), donde el bajo y la batería tienen un gran protagonismo. Hay muchos cambios de ritmo y las melodias son oscuras. Se notan las influencias clásicas en el piano y una cierta similitud con Univers Zero, sobretodo en la magistral parte final, donde la batería está increible. Seguimos com “Crepuscula” (4’57), una misteriosa pieza, con las voces, el piano y la batería destacando sobre el resto en la primera parte, y una segunda más animada con la guitarra ofreciéndonos una bonita melodia. El siguiente tema es “Loolit II” (8’29), una versión alargada de la pieza del mismo nombre incluida en su primer trabajo. La sección rítmica hace una labor fantástica. Se nota que Dubuisson había escuchado mucho tanto a Paganotti como a Janick Top. Aunque falta el violín, aun notamos en la guitarra influencias de McLaughlin. En definitiva, una gran composición, que a veces se vuelve casi hipnótica a pesar de sus muchos cambios de ritmo. Continuamos con “Liberserim Urb Et Chant De Viamor” (3’59), una pieza corta más optimista que las anteriores, en la que participa Michel Goubin (piano, voz) como invitado. Un buen tema que da paso a “Eiram” (13’34), una composición con muchos matices, con aires Zeuhl, sobretodo por la sección rítmica, con un sonido de guitarra precioso, tanto en las partes más lentas como en las más aceleradas, con un piano que a veces le sirve como contrapunto, mientras que otras se une al bajo y la batería como elemento rítmico. Es un gustazo tumbarse y escuchar todos los sonidos, todos los cambios de ritmo, las disonancias, las partes vocales, siempre misteriosas. Una maravilla que cierra uno de los mejores discos hechos en Francia en la segunda mitad de los ’70.
1977 fue un buen año para Potemkine. Hicieron más de cién conciertos y telonearon a Magma en varias ocasiones. Debido, en parte, al éxito de bandas como Return To Forever o Weather report, el grupo decide orientar su música hacia un estilo más cercano a la fusión de finales de los ’70. De esta forma, los tres hermanos Goubin, Charles, Philippe y Michel, junto con Doudou Dubuisson y dos percusionistas invitados, Christian Rouge y Jean-Jacques Ganghofer, graban el tercer y último disco de Potemkine, “Nicolás II” (1978). Las influencias Zeuhl y de la música clásica contemporanea están menos presentes. La guitarra adquiere mayor importancia, estando siempre acompañada por el piano eléctrico y/o el Moog. La sección rítmica sigue siendo muy dinámica, y el bajo toma ciertos tintes funkies. Esto hace de “Nicolas II” el disco de la banda que más puede gustar a los amantes de la fusión de esta época.


Todos los temas tienen un gran nivel, pero yo destacaría “Tango Panache” (6’18), que tiene un cierto aire a Return To Forever, y que como es habitual, contiene un pequeño duelo guitarra-Moog, y “Ode To Mars” (5’23), magnífica pieza que aún conserva cierta estética Zeuhl, con un bajo que nos puede recordar a Magma.
Tras la publicación del disco la banda siguió tocando en directo (llegaron a ser teloneros de Shakti), pero en junio de 1979 Charles Goubin muere en un accidente de coche. Uno de los últimos conciertos de la banda se celebro en agosto de 1979 en Bilbao. Potemkine desaparece definitivamente en 1982.
En 2001 el sello Soleil Zeuhl publica en CD “Triton” y “Nicolas II”. En el primero se incluyen como bonus su primer single y dos temas de su álbum debut “Foetus”, y en el segundo los restantes seis temas del mismo. De esta forma en estos dos Cds se incluye todo lo que grabó Potemkine durante su existencia. Como conclusión decir que estamos ante una banda muy desconocida que vale la pena descubrir.

Francisco Macias

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