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Entradas de la A a la Z

Cuando en 2016 Mike Westbrook publicó su álbum “A Bigger Show”, acompañado por su nueva banda, “Uncommon Orchestra”, me quedé francamente sorprendido. No sólo por la calidad de sus composiciones, que es una clara seña de identidad de este pionero del jazz británico, sino también por la fuerza de su interpretación y sus influencias propias del rock y otros géneros, integradas en un concepto que trascendía el concepto de “música Jazz”. Hay que tener en cuenta que muchos músicos de su misma generación se han vuelto cada vez más “clásicos” y conservadores al ir envejeciendo, pero en el caso de Mike, que ahora tiene 82 años, y su esposa Kate, con 78, esto no ha pasado. Y esta es la razón por la que esta maravillosa pareja, a los que he tenido la suerte de conocer personalmente y escuchar en directo en dos ocasiones, me ha vuelto a sorprender gratamente.

“Granite” es el último disco de Kate Westbrook, y es realmente fantástico. Como es habitual, ella se ha encargado de todos los textos, y la música corre a cargo de Mike, aunque en general, ha habido una estrecha colaboración entre los dos en la concepción del álbum. La obra ha sido un encargo de un fan alemán de la música de los Westbrook, Frank Eichler, y se centra en Dartmoor, el mítico paraje situado en Devon, donde se desarrollaba “El Sabueso de los Baskerville” de Sir Arthur Conan Doyle, que en realidad es una meseta de granito (de ahí el nombre del álbum), reconocida como parque nacional. Para su grabación, Kate ha escogido varios músicos de la “Uncommon Orchestra” y ha formado la “Granite Band”, con ella misma a la voz, Mike al piano, Roz Harding a los saxos, Jesse Molins y Matthew North a las guitarras eléctricas, Billie Bottle al bajo y Coach York a la batería.

La estructura del disco es realmente curiosa. Kate, en forma de soliloquio, ha creado un álbum conceptual dividido en tres ciclos que sin ser iguales, van repitiendo tanto letras como estructuras musicales de una forma que me encanta. En sus textos, repletos de metáforas, expresa su amor por  Dartmoor, su relación con este paraje cerca de su casa, y la dicotomía entre la presencia permanente del paisaje y la interacción temporal del hombre, sobretodo en las grandes canteras de granito que hay en el parque nacional. La música, basada en su voz y el piano de Mike, se extiende hacía terrenos como el jazz o el rock, encontrando incluso detalles cercanos al Rock in Opposition.

El disco, y el primer ciclo, se abre con “Tracks Of Desire” (4’36). Piano de base, un bajo que nos devuelve al inicio de la década de los ’70 y al jazz británico de la época y la maravillosa y cada vez más grave voz de Kate, cantando una melodía preciosa que escucharemos en varias ocasiones a lo largo del disco. Los paisajes creados por las guitarras y el magnífico solo de saxo no hacen más que mejorar el tema. Le sigue “Year’s Rotation” (1’55), una pieza repetitiva, basada en un riff potente de guitarra y saxo, con Kate cantando sólo un par de frases de forma magistral. “Spread-Eagled” (4’12) comienza de forma inmejorable, muy dramática, para ofrecernos luego una parte instrumental maravillosa, con una sección rítmica al más puro estilo del jazz británico, y un bonito solo de saxo bien acompañado por las guitarras, hasta que la voz y el piano vuelven a quedarse solos, dando paso a “Glacial Food” (1’00), un tema corto muy rítmico que presenta una melodía vocal que también volveremos a escuchar, y a “Helpless, Helpless” (1’43), con un ritmo impresionante de bajo y batería, y un saxo  que nos recuerda a Lindsay Cooper, Henry Cow, etc…El drama regresa con “Curlew Cry” (7’01), en la que vuelve a combinarse de forma excepcional las partes lentas de voz y piano, con los momentos instrumentales protagonizados por el resto de la banda. El primer ciclo finaliza con “Architects and Pornographers” (4’48), un pieza rítmica cuya melodía nos traslada al principio del disco, y en la que destacan el solo de bajo de Billie Bottle y el de guitarra de Jesse Molins.

Comienza el segundo ciclo, y todo empieza a resultarnos familiar. En “Sun and Moon” (2’24) escuchamos la melodía inicial, sólo con voz y piano. En “Raw and Creation” (3’12) encontramos el mismo espíritu que en “Year’s Rotation”, pero mejorado, en un tema intenso, con momentos de locura “free”, que crece por segundos con una fuerza enorme, hasta desembocar en “Rain-Soaked Summer” (5’21), en el que los soundscapes de guitarra sustituyen al piano que Mike utilizaba para acompañar a la voz en “Spread-Eagle”. Me encanta el solo de guitarra de Jesse, y el acompañamiento de la sección rítmica. El magnifico bajo del la rítmica “Sun-Warmed Soil” (1’40), el  precioso saxo de “Story” (3’04), el estallido RIO de “Wordless,Wordless” (1’11), o la sobriedad de “Bathing Belles and Philosophers” (1’17) recrean de forma diferente el primer ciclo y nos hace introducirnos de forma aún más profunda en el álbum. El segundo ciclo termina con una coda recitada, “Late Autumn” (1’15), con misteriosos efectos sonoros y la guitarra de Matthew North.

La preciosa melodía inicial regresa con el comienzo del tercer ciclo, ahora  con más ritmo ,en “My Barricades” (3’38), que añade un buen solo de guitarra de Jesse, hasta llegar a “Salvation” (2’26), potente, intensa, llena de energía, con unos detalles de saxo preciosos. Los momentos lúgubres regresan con “Winter” (2’20), que nos lleva a “Aeons Old” (2’13), con un fantástico diálogo guitarra-saxo, sobre una base rítmica potente y que da paso a “Exile” (2’58), en la que el “drama” vocal está acompañado por un juego de guitarras maravilloso. Con “Quarry Workers and Instrumentalists” (3’09) regresan las influencias rockeras, con un pegadizo riff de saxo y un buen solo de guitarra de Matthew North. De una forma mucho más pausada que en los anteriores ciclos, regresa el ambiente “enfermizo” propio de la música RIO, con la preciosa “Reckless, Reckless” (3’46), que nos lleva hasta el final con “Yearning Bird” (4’15), combinándose el piano de Mike, la voz de Kate y el precioso saxo de Roz Harding. Tras la finalización del tercer ciclo, escuchamos a Kate silbando el clásico de Irving Berlin, “Let’s face The Music”, y el disco llega a su final.

Mike y Kate Westbrook no sólo han demostrado con este disco que la edad no es impedimento para hacer buena música, sino que tampoco lo es para seguir teniendo inquietudes y querer hacer cada vez las cosas mejor. “Granite” se alza como uno de los grandes discos de jazz británico de los últimos años, y lo hace de la mano de una banda intergeneracional que no entiende de estilos, sólo de música magistral.

Francisco Macías

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